Sobre la expresión de la pluralidad en mongol

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1. Introducción

El mongol es una lengua altaica, hablada por unos cinco millones de personas en la república de Mongolia, la Federación Rusa, la República Popular China y Afganistán. Morfológicamente es una lengua aglutinante, afijal, con un sistema basado en la representación lineal (secuencial) de las unidades significativas (correspondencia biunívoca morfema – morfo). Sin embargo en sus registros modernos presenta determinados procesos anómalos en una estructura aglutinante, en concreto fenómenos de sincretización de morfemas (por ejemplo en los sustitutos personales, con la fusión del lexema y el morfema de caso, así 1ª pers. sing.: bi [nominativo], minii [genitivo], nadad [dativo], etc.) y de alomorfismo (por ejemplo uul y lga como formas alternativas del morfema causativo: jab ‘ir’ – jabuul ‘enviar’, uu ‘beber’ – uulga ‘hacer beber’).

Si las categorías aglutinante y fusionante son más bien polos abstractos de referencia sobre un mismo continuum que compartimentos separados, el mongol contemporáneo estaría francamente situado mucho más cerca del índice de fusión que otras lenguas altaicas (turcas o tunguso-manchúes). Afinando más los grados de esta hipotética escala, podríamos situarla hoy en el área de las lenguas que Skalička (1935) caracterizaba como de ‘aglutinación débil’. Se puede observar que este fenómeno es un proceso en marcha dentro de la historia de esta lengua, pero a diferencia de otros casos de desplazamiento desde los parámetros formales aglutinantes a los fusionantes —como el estonio dentro de las lenguas urálicas— no aparece motivado básicamente por razones fonológicas. Más bien en mongol se aprecian importantes reestructuraciones en los sistemas de diferenciación semántica. Hay así rasgos contrastivos paulatinamente abandonados (como por ejemplo [± animado] en el sistema nominal, [± inclusivo] en los sustitutos personales del plural, etc.), y nuevas categorías emergentes (que son parcialmente representadas por morfos que servían en otros estadios de la lengua para otras distinciones, por ejemplo el nuevo sistema de marcación del énfasis). Todo esto sugiere desde una perspectiva morfológica formal y externa un panorama enormemente “irregular”, y más si seguimos enfocándolo desde las categorías creadas para describir estados anteriores de la lengua (paradigmas incompletos, nuevos morfos “inclasificables”, etc.).

El objeto de esta contribución es describir uno de los aspectos más llamativos de esta moderna situación en mongol, la expresión de la pluralidad. Los elementos morfológicos disponibles hoy en esta lengua para marcar el rasgo [+ plural] son extremadamente variados y en la mayoría de las descripciones lingüísticas pasan sencillamente por considerarse como un hipertrofiado conjunto de alomorfos, restos de contrastes extintos. La comparación con la sencillez del plural turco no hace más que acrecentar esta impresión (Kozin, 1946). Nuestra propuesta apunta a reorganizar este conjunto sobre las distinciones [± humano], [± plural] y [± distribuido] y observar así el verdadero rendimiento funcional de las diferentes formas.

Debemos añadir unas palabras sobre el contraste distribuido / compacto, uno de los ejes de nuestro modelo de descripción. La distinción fue señalada originalmente por Boas observando las marcas de plural en los verbos de algunas lenguas indígenas norteamericanas, especialmente el kwakiutl (familia wakash) (Boas, 1947: 246). Distinciones similares se han descrito posteriormente en los sistemas verbales del diegueño (hocano), el pawnee (macrosiu) y el miwok (penutiano), así como en los sistemas nominales del populuca (mazateca) y del papago (uto-azteca). Un plural es la expresión de un conjunto de elementos, y básicamente la distinción que tratamos oscila en la topicalización de los elementos o del conjunto en sí. Expresado a grandes rasgos, un plural puede verse como una simple suma aritmética, ocasional, de individualidades (“distribuido”) (populuca takjah ‘casas’, de tak ‘casa’) o como un constructo con entidad semántica propia, justificada por el alto grado de indiferenciación o cohesión de sus miembros (“compacto”) (populuca taganhoh ‘las casas, el poblado’; ejemplos de Cruse, 1994).

Preferimos aquí utilizar el término “compacto” y no el habitual “colectivo” (collective) usado en las descripciones de lenguas indígenas americanas, en cuanto consideramos que el colectivo, en los sentidos en que esta palabra se usa tradicionalmente en
los estudios de estructuras nominales, constituye una categoría diferente —aunque muy cerca conceptualmente— del plural compacto. Formalmente el colectivo es un singular. De hecho algunas lenguas, como el mongol precisamente, diferencian claramente entre las dos categorías. Además el colectivo en esas acepciones tradicionales no aparece necesariamente en oposición contrastiva a una forma distribuida. Seguramente este uso del término “colectivo” para una categoría del plural no pareció que entrañaba un riesgo de ambigüedad a sus primeros formuladores en cuanto trabajaban exclusivamente en el campo verbal.

 

2. El sistema del número en mongol

El número se expresa en mongol en los nombres (y pronombres) exclusivamente. Encontramos las siguientes distinciones morfológicas asociadas a esta categoría en la lengua:

– Singular, representado por el morfo cero o por la terminación -n.
Ejs.: zaluu ‘joven’, temee-n ‘camello’.

– Colectivo, formado con la marca de genitivo más el sufijo -xan (la vocal puede
cambiar según las reglas de la armonía fonológica).
Ejs.: zaluu-(g)iin-xan ‘los (parientes) del joven’, ger-iin-xen ‘los de la casa’.

– Plural compacto, marcado por el sufijo -tšuud.
Ejs.: zaluu-tšuud ‘los jóvenes’, mongol-tšuud ‘los mongoles’.

– Plural distribuido, marcado por el sufijo -nar.
Ejs.: zaluu-nar ‘jóvenes’, lam-nar ‘lamas’.

– Plural (sin distinción compacto / distribuido), marcado por los sufijos -(uu)d y -s.
Ejs.: nom-(uu)d ‘libros’; noxo-d, noxo-s ‘perros’.

Consideramos que este sistema muestra una gran coherencia si partimos de que la oposición [± humano] es primaria y decide las distinciones ulteriores que se pueden establecer en la expresión del número. Humano es el término marcado y permite la diferenciación entre compacto y distribuido en el plural, así como la aparición de la forma colectiva dentro del ámbito del singular. Nos encontramos así ante dos sistemas:

Sistema I [+ humano]  (ej.: zaluu ‘joven’)
singular zaluu / colectivo zaluugiinxan / plural compacto zaluutšuud / plural distribuido zaluunar

Sistema II [- humano] (ej.: nom ‘libro’)
singular nom / plural  nomuud

 

3. Sobre la vinculación de la distinción compacto / distribuido con la clase [+ humano]

Postulamos la existencia de una categoría básica [! distribuido] que opera específicamente sobre la clase de nombres [+ humano], simultáneamente a la oposición [± plural] (y no como una distinción secundaria de esta última). En el ámbito del plural se
formaliza en la diferenciación “plural compacto” / “plural distribuido”. En el terreno del singular esta misma oposición estaría en la base de la distinción entre lo que venimos llamando “singular” y “colectivo”.

Captura

Obsérvese que la forma que llamamos colectivo en mongol no es una agrupación a partir del singular, sino una subdivisión interna de éste. La construcción lexema+genitivo+colectivo lo muestra con claridad. Así zaluu-(g)iin-xan no es ‘los jóvenes’ sino ‘los (componentes) del joven’ (= ‘los parientes del joven’). El singular [+ humano] se concibe así, más que como una entidad indivisible (una individualidad en el sentido occidental), como un cierto universo relacional, coherente pero múltiple.

Necesariamente para entender esto hay que tener en cuenta que la distinción entre la individualidad y la colectividad tal como la establece la cultura occidental moderna (yo frente a no-yo, privado frente a público, etc.) no es universal y que por lo tanto pueden existir diferentes planteamientos en otras culturas. Proponemos específicamente que en ciertas culturas no occidentales, como la que aquí estudiamos, la conciencia de identidad del individuo integra también al conjunto de allegados, parientes y otras personas próximas (por ejemplo las que conviven en el mismo lugar). El colectivo tal como se da en mongol reflejaría una perspectiva “distributiva” en la percepción de estos componentes, mientras que el singular propiamente dicho enfocaría este pequeño universo personal de forma “compacta”.

Que esta concepción de una identidad personal compuesta de elementos divisibles existe en la cultura de la lengua que estudiamos —el budismo de tradición tibetana, ampliamente mayoritario entre los mongoles— lo mostraría la propia polisemia del término mongol para la identidad de los humanos: bije. Esta palabra significa ‘sí-mismo’ (Selbst), ‘persona’, pero también ‘grupo’, ‘colectivo’. Para algunos autores (Ligeti, 1967; Sagaster, 1968) es un calco semántico del sánscrito kâya. En la tradición budista clásica este término es ya un compuesto de tres realidades o ‘cuerpos’ (Evans-Wentz, 1960: dharmakâya, sambhogakâya y nirmânakâya), en cuya descripción sin embargo y por razones obvias no nos vamos a detener aquí. En las lenguas tunguso-manchúes, habladas por pueblos de creencias chamanistas, encontramos formas relacionadas, pero con el significado exclusivo de ‘cuerpo’ y ‘persona’ (lamuto bej, evenko y manchú beje) (Poppe, 1960).

 

4. Algunas consideraciones metodológicas

El modelo que hemos propuesto podría presentar a primera vista algunos inconvenientes formales. El primero sería la inclusión en un mismo paradigma de categorías derivativas como el colectivo y categorías inflexivas como el plural. En nuestro apoyo argüimos con Bybee (1985) que no existen en realidad cajones estancos para estas categorías, sino que nos encontramos también ante un continuum léxico—derivativo—flexivo, en el que el morfema de plural ocupa tal vez la zona más “derivativa” de los morfemas flexivos (y por ello, como ya apuntara Greenberg, suele aparecer más cerca del lexema que otros elementos flexivos). Beard (1982) ha propuesto en esta línea la ubicación plena del plural (en las lenguas indoeuropeas) dentro del conjunto derivativo. Significativamente algunas tradiciones de descripción gramatical de lenguas aglutinantes suelen considerar al plural como una categoría específica diferente del resto de los morfemas. Así la lingüística húngara sitúa entre los sufijos derivativos (képzők) y los inflexivos (ragok) una tercera categoría de sufijos “modificadores” (jelek), donde estaría el plural (Bánhidi et al., 1965).

La segunda objeción que podría hacerse a nuestro planteamiento es la coexistencia de dos sistemas diferentes de marcación del número en un mismo estadio de la lengua. El sistema para [+ humano] recoge la distinción compacto / difuso, que no aparece en [- humano]. Podría pensarse que las distinciones en la expresión del número son bastante básicas en la ordenación de la realidad que establece una lengua y que no sería lógico imaginar dos sistemas alternativos operando dentro de una misma clase gramatical (en este caso los nombres).

Sin embargo fenómenos similares son observables en otras lenguas. Por ejemplo en árabe coloquial egipcio el sistema singular / dual / plural está reducido hoy a [- humano] (kitaab ‘libro’ – kitaabiinkutub), mientras que en los nombres [+ humano] el sistema es sólo singular / plural (sitt ‘mujer’ – sittaat). Cruse (1994) ofrece ejemplos de lenguas indígenas americanas en el mismo sentido.

 

5. Bibliografía

BÁNHIDI, Z.; JÓKAY, Z. y SZABÓ, D. (1965): Hungarian. Budapest: Tankönyvkiadó.

BEARD, R. (1982): “The plural as a lexical derivation”. Glossa, vol. 16, pp.133-148.

BOAS, F. (1947): Kwakiutl grammar. Transactions of the American Philosophical Society,
vol. 3, nº 3.

BYBEE, J. L. (1985): Morphology. A study of the relations between meaning and form.
Amsterdam / Filadelfia: John Benjamins [Typological Studies in Language, vol. 9].

CRUSE, D. A. (1994): “Number and number systems”, en R. E. ASHER (ed.) The
Encyclopedia of Language and Linguistics. Oxford: Pergamon, vol. V, pp. 2857-2861.

EVANS-WENTZ, W. Y. (1960): The Tibetan Book of the Dead. Londres: Oxford University
Press.

KOZIN, S. A. (1946): “K voprosu o pokazateljax mnozhestvennosti v mongol’skom jazyke”
[Sobre la cuestión del plural manifiesto en mongol]. Vestnik Leningradskogo
Gosudarstvennogo Universiteta, Serija Filologija. vol. 10, pp. 120-135.

LIGETI, L. (1967): “A propos de la version mongole des Douze Actes du Bouddha”. Acta
Orientalia Academiae Scientiarum Hungaricae, vol. 20, pp. 59-73.

POPPE, N. N. (1960): Vergleichende Grammatik der altaischen Sprachen. Wiesbaden: Otto
Harrassowitz [Porta Linguarum Orientalium, vol. 4].

POPPE, N. N. (1964): Grammar of written Mongolian. Wiesbaden: Otto Harrassowitz [Porta Linguarum Orientalium, nueva serie, vol. 1].

POPPE, N. N. (1965): Introduction to Altaic linguistics. Wiesbaden: Otto Harrassowitz
[Ural-altaische Bibliothek, vol. 14].

SAGASTER, K. (1968): “Some reflections on a prosopography of Tibeto-Mongolian
Buddhism”. Central Asiatic Journal, vol. 12, pp. 144-148.

SKALIČKA, V. (1935): “Zur ungarischen Grammatik”, reproducido en Typologische
Studien. Braunschweig. Vieweg, 1979, pp. 59-125.

VIETZE, H. P. (1969): Lehrbuch der mongolischen Sprache. Leipzig: Enzyklopädie.

 

© Miguel Peyró

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