Diferencias culturales entre Mongolia y España

Baljirjantsan Otgonseren stands inside her family ger, a traditional Mongolian tent, in an area known as a ger district in Ulan Bator

 

Las diferencias culturales entre países pueden medirse en la actualidad utilizando diferentes modelos. Uno de los más empleados es el propuesto por el antropólogo y psicólogo social holandés Geert Hofstede. Este autor establece una serie de seis “dimensiones culturales” en las que todas las sociedades pueden ser analizadas y contrastadas sobre un índice numérico. Mi comparación de Mongolia y España ofrece los siguientes resultados:

 

Distancia de poder
Mongolia: 18 (baja) / España: 57 (alta)

La dimensión de la “distancia de poder” expresa el grado en que los miembros menos poderosos de una sociedad dan por hecho y aceptan en buena medida que el poder se distribuya de manera desigual. El tema fundamental que se baraja aquí es cómo una sociedad maneja las desigualdades entre las personas. En las sociedades con baja distancia de poder, como Mongolia, la gente se esfuerza por igualar la distribución del poder y exigir alguna justificación para las desigualdades que puedan producirse.

El contraste entre Mongolia y España es muy llamativo en este terreno. Aplicado al mundo de las empresas, por ejemplo, supondría que en España un trabajador aceptaría que “el jefe es el jefe” sin cuestionar especialmente las razones para ello, mientras en Mongolia ese “jefe” debería demostrar constantemente con sus decisiones y la calidad de su trabajo que es la persona indicada para ocupar ese puesto.

 

Individualismo
Mongolia: 71 (alta) / España 51 (media)

El lugar de una sociedad en esta dimensión refleja si la autoimagen de las personas se define prioritariamente en términos de “yo” o de “nosotros”. Una puntuación alta en esta dimensión, llamada “individualismo”, puede definirse como una preferencia general por un marco social poco articulado en el que se espera que las personas se ocupen predominantemente de sí mismas y de sus familiares directos. La sociedad estadounidense es, por ejemplo, una de las que tienen un índice más alto en esta dimensión cultural. Las culturas individualistas fuertes tienen una preferencia por los derechos y las responsabilidades individuales y generalmente carecen de un enfoque grupal o colectivo. El individuo es la unidad de análisis apropiada en estas culturas y las prácticas y recompensas organizativas deben reflejar esta orientación individualista.

El modelo de organización de Mongolia se caracteriza por un alto individualismo, que a su vez conduce a una preferencia por un estilo de liderazgo democrático, a diferencia de la mayoría de los países asiáticos, donde domina el estilo autocrático. Al mismo tiempo, el líder mongol disfruta de una gran confianza entre sus subordinados, lo que se considera un rasgo central de la identidad nacional de Mongolia.

 

Competitividad
Mongolia: 103 (muy alta) / España: 42 (baja)

La dimensión de “competitividad”, también llamada “masculinidad”, indica una preferencia general en esa sociedad por los logros, el heroísmo, la asertividad y las recompensas materiales del éxito.

Los datos indican que los mongoles tienen un alto grado de competitividad, uno de los más altos del mundo. Es significativamente más alto que en cualquiera de sus dos vecinos, especialmente Rusia. Las puntuaciones muy altas en esta dimensión indican una preferencia por la rivalidad, el materialismo y la rigidez de roles en las relaciones. Generalmente las culturas con puntuaciones de competitividad más altas también suelen tener puntuaciones de “distancia de poder” altas. Este no es el caso de Mongolia, por lo que se producen retos en la gerencia de empresas más complejos. La complejidad de la baja “distancia de poder” junto con la alta “competitividad” requiere una cuidadosa combinación de poder compartido y comportamiento competitivo.

 

Evitación de la incertidumbre
Mongolia: 92 (alta) / España: 86 (alta)

Esta dimensión expresa el grado en que los miembros de una sociedad se sienten incómodos con la incertidumbre y la ambigüedad. El problema fundamental que se aborda aquí es cómo una sociedad se enfrenta al hecho de que no podemos nunca conocer el futuro. Los países que exhiben una puntuación alta en esta dimensión mantienen códigos rígidos de hábitos y creencias y son en general intolerantes con las ideas y los comportamientos nuevos que puedan parecer heterodoxos.

Los datos indican que Mongolia tiene una alta cultura de “evitación de la incertidumbre”, incluso mayor que España. Los miembros de una cultura de “evitación de la incertidumbre” alta buscan sentirse seguros acerca de los eventos futuros. Tienen una fuerte aversión al cambio y tienden a instituir políticas y reglas para reducir la ambigüedad. Prevalece la creencia de que hay una única manera mejor o más correcta de hacer las cosas. No hay tendencia general al cambio y la innovación es escasa, lo que dificulta las transformaciones rápidas y profundas de las organizaciones.

 

Orientación en el tiempo
Mongolia: 41 (baja: corto plazo) / España 48 (media-baja: medio-corto plazo)

Toda sociedad tiene que mantener algunos vínculos con su propio pasado mientras lidia con los desafíos del presente y del futuro. Las sociedades priorizan estos dos objetivos de forma diferente. En el contexto empresarial, los ejes de esta dimensión se conocen como “normativo” (a corto plazo) frente a “pragmático” (a largo plazo).

Los datos indican que Mongolia es una cultura de tiempo orientado al corto plazo, mientras España llega a orientarse un poco más al medio plazo. Esto quiere decir que la planificación en Mongolia se realiza más a corto plazo que en España y la preocupación fundamental gira en torno al presente. El futuro de una determinada organización o colectivo a algunos decenios vista no se considera relevante o importante: El enfoque de las decisiones se basa preferentemente en las condiciones y los problemas actuales.

 

Indulgencia
Mongolia: 29 (muy baja) / España 44 (baja)

La dimensión cultural de la “indulgencia” trata de hasta qué punto los individuos intentan controlar sus deseos e impulsos en función de los formalismos en que han sido educados. Las puntuaciones más altas en “indulgencia” caracterizan a países con controles sociales más débiles de los comportamientos, en los que se tiende a permitir la gratificación de deseos humanos relacionados con disfrutar de la vida y divertirse. Por otro lado, las sociedades con una puntuación más baja en “indulgencia” tienen la convicción de que tal gratificación debe ser restringida y controlada por normas y reglas estrictas. En Mongolia hay todavía menos espacio para comportamientos “distendidos” en situaciones formales que en España.

Esta dimensión también está asociada de forma general a los roles asignados tradicionalmente a los géneros. Cuanto más bajo es el índice de “indulgencia”, más estrictos son los comportamientos que se esperan de hombres y mujeres en función de su sexo. En la sociedad mongol y en la española los roles de género siguen teniendo un peso muy importante, pero en Mongolia este peso es todavía mayor.

 

© Miguel Peyró

Texto en pdf

 

 

 

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